Empoderando a Nuestros Hijos: Claves para una Educación Financiera Eficaz

Uno de los mayores errores que cometemos como padres es sobreproteger a nuestros hijos y tomar todas las decisiones por ellos. Tratamos de hacerles la vida más fácil para que no pasen lo que nosotros pasamos y, en ese intento de hacer lo mejor para ellos, terminamos causándoles un gran problema: los hacemos inútiles e incapaces de afrontar la realidad, una que es cambiante y seguramente muy diferente a la que nosotros estamos viviendo.

Un claro ejemplo es el ahorro. Insistimos en que deben ahorrar, pero no les explicamos el porqué de una manera que ellos puedan entender. Solo les decimos que deben hacerlo sin inculcarles que ahorrar es parte de nuestra supervivencia, que nos enseña a ser pacientes y a retrasar el placer, a valorar más aquello que tanto esfuerzo nos costó conseguir. Además, algunos padres les privan de sus alcancías con la excusa de que «yo te la cuido porque tú no sabes usar el dinero». Pero a nosotros nadie nos enseñó; aprendimos de lo que vimos en nuestros padres, de nuestros tropiezos, y de lo que leímos o escuchamos.

Es más, quizás aún ahora, a tus 30 o 40 años, tus padres te dan una ayuda económica o te ayudaron con el enganche para tu casa, porque siendo realistas, es muy difícil con los precios actuales. Esto puede hacer que tus hijos esperen lo mismo de ti en el futuro. ¿Estás listo para eso?

No es solo que en las escuelas no nos enseñan a usar el dinero, sino que a lo largo de nuestra vida recibimos información de diferentes perspectivas y creencias sobre el dinero de otras personas. Antes de decirles a nuestros pequeños qué hacer con el dinero, debemos poner en orden nuestras propias finanzas.

Primero, debemos saber de cuánto son nuestros ingresos, y no me refiero solo a nuestro sueldo. A veces recibimos dinero de diferentes fuentes como la tanda, nuestra pareja, nuestros padres, o ventas de productos. Si solo consideramos como ingreso nuestro salario mensual, estamos tomando malas decisiones, pues seguramente estamos gastando de todo lo demás que no consideramos.

En segundo lugar, debemos saber cuánto gastamos al mes y aprender a separar ese dinero. Identificar nuestros gastos fijos como luz, agua, gasolina, pasajes, renta o hipoteca, comida, colegiaturas, etc., y luego aquellos gastos ocasionales como el café de la mañana, tacos, cervezas, salidas, cigarros, etc. Sí, ya sé que has escuchado esto mil veces y que es tedioso anotar todo, pero el conocimiento es poder. Necesitamos saber todo esto para poder reducir gastos y tomar mejores decisiones con el dinero que tenemos. No se trata de cuánto ganas, sino de cómo lo usas.

El tercer paso es tener seguro. Primero, un seguro de vida que cubra las necesidades de tu familia en caso de que algo te pase, incluyendo gastos funerarios o invalidez. No importa si ya tienes un seguro a través de tu trabajo; tener una póliza adicional es prudente, especialmente con la inflación creciente.

El cuarto paso es tener un seguro de gastos médicos. Hay enfermedades y operaciones que el seguro a veces no cubre, y el tiempo es vital. Si no tienes con qué pagar, un seguro puede ser una gran ayuda. Nadie está exento de un accidente, y hasta una lesión menor puede volverse un problema permanente si no se trata adecuadamente.

El quinto paso es liquidar tus deudas y aprender a usar correctamente los créditos y tarjetas de crédito. No es dinero extra, y el límite de crédito no es para gastarse de una sola vez. Aprende a identificar cuál te conviene más según los intereses y el CAT, y conoce las fechas de corte y de pago. Los créditos no son malos, al contrario, pueden ser útiles si se usan para financiar algo que a la larga nos genere más dinero o nos ahorre dinero. Recuerda: un crédito es un gran poder que conlleva una gran responsabilidad.

El sexto paso es investigar antes de abrir una cuenta de ahorro, aceptar una tarjeta o solicitar un crédito. No porque alguien te lo recomiende significa que sea una institución fiable. Verifica su legitimidad y respaldo en caso de quiebre. Para eso, consulta la Condusef y asegúrate de que no te roben tu dinero.

El séptimo y último paso es tener una inversión o un plan de ahorro para el retiro que tenga interés compuesto, para que tu dinero se incremente y se proteja de la inflación. Investiga todas las opciones con diferentes instituciones. No te quedes solo con la clásica afore; ten otra alternativa. Consulta con un experto y elige la que se acerque más a tus necesidades y posibilidades.

En resumen, la educación financiera comienza por nosotros mismos. Si queremos que nuestros hijos sean capaces de manejar su dinero con sabiduría, debemos ser su mejor ejemplo y enseñarles con claridad y paciencia.

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