Por Karla Alejandra – Dibujando Finanzas
Nadie nos enseña a ser padres, de la misma forma que nadie nos enseña sobre dinero.
Aprendemos sobre la marcha, cometiendo error tras error, cayendo, levantándonos y tratando de hacerlo mejor.
Yo, por ejemplo, soy una mamá consentidora.
Me aferré a la idea de darles a mis niñas todo lo que yo no tuve.
En casa nunca les faltan sus comidas favoritas, tienen juguetes por montones, mantitas, accesorios, y si veo algo lindo, ya me las imagino jugando con eso… y tarjetazo.
Van con la mejor doctora especialista de la ciudad, su consulta cuesta más que llenar el tanque de un coche de lujo, y su habitación parece sacada de una revista de decoración.
Y no, no me avergüenza decirlo: si podemos gastar en nuestros hijos, no está mal.
El problema empieza cuando confundimos el amor con el consumo, y cuando lo que les enseñamos, sin querer, es que gastar sin medida está bien.

Porque sin darnos cuenta, estamos moldeando su relación con el dinero.
Y lo que hoy parece una simple compra, mañana puede convertirse en un patrón de comportamiento.
Y si no me crees… déjame contarte tres historias reales de niños que casi arruinan a sus padres por un simple descuido financiero.
Historia 1: El niño que gastó 2,500 dólares en 10 minutos
Ocurrió en Estados Unidos.
Un pequeño de solo cinco años jugaba en el iPad de su papá y, con un par de toques inocentes, hizo compras dentro de su videojuego favorito.
En diez minutos gastó 2,500 dólares.
Su padre lo descubrió cuando revisó la cuenta y vio la pesadilla: cargos uno tras otro, como si alguien hubiera dejado abierta una llave de dinero invisible.
El niño no entendía por qué papá estaba tan molesto. Para él, solo estaba jugando.
No sabía que detrás de ese “clic” había dinero real, trabajo real y horas de esfuerzo.

Historia 2: El juguete de 9 mil pesos
En México, un niño pidió permiso para usar el celular de su mamá.
Minutos después, ella recibió la notificación: una compra por 9,000 pesos.
El niño solo quería un juguete que había visto en internet.
No entendía que el dinero no es mágico ni ilimitado.
Y sí, probablemente fue un error inocente, pero también un reflejo de algo más profundo: la falta de comprensión del valor del dinero.
Nuestros hijos ven tarjetas, teléfonos, relojes inteligentes y creen que el dinero vive ahí, que se genera con un clic.

Historia 3: El adolescente que vació la cuenta de su mamá
Un joven de 13 años usó la tarjeta de su madre para apoyar a sus streamers favoritos en Twitch.
Hizo donaciones hasta quedarse con 0 dólares en la cuenta familiar.
Su intención no era mala; creía que estaba “ayudando” a las personas que admiraba.
Pero ese gesto terminó costando los ahorros de toda una familia.

Reflexión: lo que realmente da miedo
Lo más aterrador no es el monto gastado, sino la lección que les estamos enseñando sin querer.
Les damos todo lo que no tuvimos, pero no siempre les damos lo que realmente necesitan:
educación financiera, límites, paciencia y criterio.
Nuestros hijos aprenden observando.
Si nos ven gastar impulsivamente, creen que está bien hacerlo.
Si nos ven decir “lo merezco” ante cada compra, adoptan esa lógica emocional.
Si nos ven usar la tarjeta sin explicar qué hay detrás, imaginan que el dinero simplemente aparece.
Y cuando un niño crece creyendo que el dinero es infinito, corre el riesgo de vivir eternamente en deuda, o de buscar en las compras la misma sensación de amor y seguridad que no aprendió de otra forma.

El dinero también enseña amor y equilibrio
En Dibujando Finanzas enseño que el dinero no solo sirve para comprar cosas:
sirve para construir seguridad, confianza y paz interior.
Hablar de dinero con tus hijos no es “robarles la inocencia”.
Es enseñarles a vivir con responsabilidad.
Jugar al trueque, hablar de ahorro, enseñarles que el dinero cuesta trabajo, que hay que cuidarlo, compartirlo y usarlo con propósito, son lecciones que valen más que cualquier juguete.
🕯️ Cierra el cuento antes de que se vuelva pesadilla
Educar en finanzas no se trata de asustar, sino de prevenir.
La próxima vez que tu hijo te pida el teléfono para jugar o compres algo “porque se lo merece”, recuerda esto:
el amor también se demuestra enseñando límites.
Porque no hay nada más terrorífico que crecer sin entender el valor del dinero…
ni nada más hermoso que enseñar a nuestros hijos a usarlo con sabiduría y corazón.

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