En México sabemos reírnos de la muerte. Le hacemos versos, la dibujamos bailando con sombrero de charro, la invitamos a comer pan de muerto y hasta le dejamos su cafecito con piquete en la ofrenda.

El Día de Muertos es una de las tradiciones más bellas del país: una celebración al amor, la memoria y el reencuentro con quienes se nos adelantaron en el viaje. Pero entre el papel picado, las veladoras y el copal, hay una pregunta incómoda que casi nadie se atreve a hacer:
¿Tienes dinero para morirte?
Porque aunque suene cruel decirlo así, de frente y sin azúcar: morirse cuesta. Y mucho.
Hasta para cruzar al otro lado necesitas monedas
¿Conoces la historia de Caronte? En la mitología griega era el barquero del inframundo. Su chamba era llevar las almas a través del río Estigia, ese que separaba el mundo de los vivos del de los muertos. Pero ojo: Caronte no trabajaba gratis. Solo cruzaban quienes llevaban una moneda como pago por el viaje.
Los que llegaban sin su monedita quedaban condenados a vagar sin rumbo por toda la eternidad, esperando que alguien les dejara algo para el pasaje.
Y si lo piensas bien, ni siquiera el más allá perdona los descuidos financieros.

Morirse es el trámite más caro de tu vida
La realidad es que en México, cuando alguien fallece, los gastos no terminan con el último suspiro. De hecho, apenas empiezan:
Los costos inmediatos:
- El funeral y el ataúd (o la cremación, que tampoco es barata)
- El traslado del cuerpo
- Los trámites ante el Registro Civil
- Las esquelas y los arreglos florales

Según datos de la Condusef, un funeral básico en México puede costar entre $25,000 y $50,000 pesos. Uno «de gama media» puede irse fácilmente a los $80,000 o más. Y si incluyes velación, carroza, música y todos los detalles, puedes estar hablando de más de $150,000 pesos.
Y eso es solo el inicio. Luego vienen:
- Los trámites ante bancos, seguros y el SAT
- Las cancelaciones de servicios y contratos
- Las notificaciones oficiales
- Las disputas familiares (que esas sí que salen caras, pero en paz mental)
Y si tienes hipoteca, auto a crédito, tarjetas sin saldar o cuentas sin testamento, tus seres queridos no solo heredan tus recuerdos: heredan tus broncas financieras.
La historia de mi vecino: cuando los muertos dejan trabajo a los vivos
Mi vecino tenía 98 años. Un señor encantador: cada tarde, desde su silla de ruedas, barría frente a su casa, saludaba a medio mundo y se sentaba a tomar su café viendo la vida pasar. Lucía tan tranquilo, tan en paz, tan listo para cuando le tocara.
Pero cuando falleció, descubrimos que no dejó testamento. Tampoco dejó dinero para sus gastos funerarios. Y para rematar, tenía una deuda considerable que había firmado para ayudar a uno de sus hijos a comprar una casa.
¿El resultado?
Los vecinos tuvimos que cooperar para su velorio. Sus hijos se pelearon por todo: la casa, el coche viejo y hasta la licuadora. La deuda, por supuesto, quedó a nombre del hijo al que quiso ayudar, quien ahora debe seguir pagándola.
Han pasado cinco años y la casa sigue en disputa legal.
Él descansó en paz, pero sus finanzas siguen penando.

Y mi tío José Alberto: el alma en paz, pero el SAT no perdona
Mi tío José Alberto fue más previsor. O eso creía él. Antes de morir, vendió lo poco que tenía y repartió el dinero entre sus hijos. Todo parecía resuelto, todo en orden.
Hasta que el SAT empezó a mandar correos recordando una deuda fiscal pendiente.
¿El problema? Nadie notificó oficialmente su fallecimiento ante Hacienda. Así que su RFC sigue activo, y cada tanto llegan avisos automáticos a la empresa que transfirió a su sobrino. Correos que dicen: «Usted tiene un adeudo pendiente».
Él ya trascendió, pero Hacienda no olvida.
Y aquí viene el dato importante: cuando alguien muere, sus deudas NO desaparecen mágicamente. Dependiendo del tipo de deuda, puede que:
- Se pague del patrimonio del difunto (si es que hay algo)
- La asuma el cónyuge (si era una deuda compartida)
- La herede el familiar que firmó como obligado solidario o aval
- O, en el mejor de los casos, se extinga (si era una deuda personal sin garantías y no hay bienes)
Pero para que eso quede claro, necesitas hacer los trámites correspondientes. No basta con que la persona «ya no esté».
Si no haces testamento, el caos no descansa
Aquí va un mito bien arraigado: «El testamento es solo para los ricos que tienen casas y millones.»
Falso.
Cualquier persona que tenga cuentas bancarias, deudas, inversiones o familia necesita dejar por escrito qué hacer con sus bienes y sus pendientes.
Porque si mueres intestado (sin testamento), la ley mexicana decide por ti quién hereda y en qué proporciones. Y créeme, el proceso es lento, costoso y burocrático. Estamos hablando de meses o hasta años.
Mientras tanto, tus familiares quedan atrapados en:
- Trámites notariales carísimos
- Peleas entre hermanos, primos y hasta el vecino que «te debía un favor»
- Cuentas bancarias congeladas que nadie puede tocar
- Seguros de vida que nadie sabe cómo cobrar
Y lo peor: si tenías inversiones, Afore, seguros o cuentas digitales que nadie conocía, es como si nunca hubieran existido.
Datos prácticos sobre el testamento en México:
- Costo: Entre $1,500 y $5,000 pesos en notaría pública (dependiendo del estado)
- Septiembre es el mes del testamento: muchas notarías ofrecen descuentos de hasta 50%
- Dura para siempre: no caduca, pero puedes actualizarlo cuando quieras
- No necesitas ser rico: con tener una cuenta de banco, un celular o una mascota, ya vale la pena hacerlo
La huesuda también revisa papeles

Podríamos decir que la Muerte es el último trámite burocrático de tu vida. Y muy pocos estamos preparados para salir con calificación aprobatoria.
Dejar tus finanzas en orden no es ser pesimista. Es un acto de amor.
Imagínate esto: llegas al más allá, te ofrecen tu cafecito en el altar, tu pan de muerto, tu platillo favorito, tu música… pero desde el cielo ves a tu familia peleándose por la casa, lidiando con tus deudas o sin saber cómo pagar tu funeral.
¿De verdad vas a disfrutar tu ofrenda tranquilo?
Tu checklist financiero para el más allá (y para los que se quedan)
Si de verdad quieres hacerle un favor a tu familia y a ti mismo, aquí va tu lista de pendientes:
✅ 1. Haz tu testamento (en serio)
No lo dejes «para después». Septiembre tiene descuentos, pero cualquier mes es bueno para hacerlo.
✅ 2. Revisa tus seguros y beneficiarios
- ¿Tienes seguro de vida? ¿Sabes quién es tu beneficiario?
- ¿Tu Afore tiene beneficiarios actualizados?
- ¿Tus cuentas bancarias tienen designación de beneficiario?
Consejo pro: actualiza esta información cada que haya un cambio importante en tu vida (boda, divorcio, nacimientos).
✅ 3. Crea tu «Carpeta de Emergencia»
Deja en un lugar seguro (físico o digital encriptado) un documento con:
- Listado de cuentas bancarias y sus números
- Usuarios y contraseñas (o la clave maestra de tu gestor de contraseñas)
- Pólizas de seguro y números de contacto
- Deudas pendientes y sus referencias
- Contactos importantes (abogado, contador, notario)
Importante: dile a una persona de confianza dónde está esta carpeta.
✅ 4. Considera un seguro de gastos funerarios
Desde $500 pesos mensuales puedes tener un seguro que cubra los gastos funerarios. No es lo más sexy del mundo, pero es muy práctico.
✅ 5. Habla del tema (sí, es incómodo, pero hazlo)
Siéntate con tu familia y habla sobre:
- Dónde está tu testamento
- Quién es tu albacea
- Qué quieres que hagan contigo (cremación, entierro, etc.)
- Dónde están tus documentos importantes
No tiene que ser una conversación lúgubre. Puede ser una charla honesta mientras comen tamales: «Oye, por si las moscas…»
✅ 6. Notifica al SAT cuando alguien fallezca
Este es crucial. Debes presentar:
- Acta de defunción certificada
- Aviso de cancelación en el RFC del difunto
- Declaración final (si tenía actividad empresarial)
Si no lo haces, el SAT seguirá mandando requerimientos y multas como si nada.
✅ 7. Cancela servicios y contratos
Teléfono, luz, internet, suscripciones de streaming, tarjetas de crédito, cuentas bancarias inactivas… Todo debe cerrarse formalmente para evitar cargos que sigan corriendo.
Reflexión final: Planeando el viaje que todos haremos
Morirse no es el problema. El problema es morirse sin planearlo.
Y no hablo de preparar el ataúd ni elegir el color de la urna (aunque si quieres, adelante). Hablo de algo más profundo: dejar tranquilidad, no caos.
Porque la verdad, la verdad, es que el Día de Muertos no se trata solo de recordar a quienes se fueron. También se trata de honrar su memoria de la forma correcta. Y eso incluye que hayan dejado sus asuntos en orden.
Así que antes de poner la veladora, el copal y el pan de muerto este año, pregúntate:
💭 ¿Tengo mis papeles en orden?
💭 ¿Mi familia sabría qué hacer si mañana no despierto?
💭 ¿Mi dinero —o mis deudas— están en regla?
💭 ¿Alguien sabe dónde está mi testamento?
Porque cuando la huesuda venga por ti (y créeme, vendrá), no querrás cruzar el río de Caronte sin tus monedas…
Ni dejar a tus vivos atrapados en tu desorden financiero.

P.D. para los vivos:
Si estás leyendo esto y ya perdiste a alguien sin que dejara sus cosas en orden, no te sientas mal. No es tu culpa. Pero sí puedes tomar la decisión de que contigo la historia sea diferente.
La muerte es inevitable. El caos financiero que dejas atrás, no.
Haz tu tarea. Tu yo del futuro (y tu familia) te lo agradecerán.
Y si te sirve de consuelo: hasta Caronte acepta pagos con tarjeta.

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