El otro día le estaba dando su clase a uno de mis alumnos más curiosos. Él siempre me hace preguntas sobre finanzas y con el tiempo he aprendido a no sorprenderme de sus cuestionamientos, que van desde moneda extranjera hasta intereses, créditos, inversiones y financiamientos.
Pero la semana pasada su pregunta fue sobre el amor… y San Valentín.
No me lo esperaba.
Él ya es un preadolescente, tiene 12 años, casi 13, y desde hace un par de años empezó a sentir curiosidad por temas emocionales y sociales. Además, como muchos niños hoy, está expuesto a tecnología y medios a edades donde nosotros ni siquiera sabíamos que existían ciertos temas. Y aunque uno pensaría que más información ayudaría, la realidad es que también hay más presión social, más comparaciones y más ideas equivocadas.
Ese día me dijo que quería declararse a una niña que le gusta el 14 de febrero, porque sentía que era la fecha perfecta. Me contó orgulloso que había estado ahorrando para comprarle flores, chocolates, un peluche y varios regalos más.
La verdad, no recuerdo exactamente todo lo que mencionó, porque en ese momento sentí ese mini shock emocional que solo quienes conviven con niños conocen. Es mi alumno desde que tenía 9 años. De repente sentí algo muy parecido a cuando mi sobrino Mateo, al que cuidé desde los 4 años, creció tan rápido que un día me llamó para decirme que había dado su primer beso… y tenía novia.
Sí, él tenía 18 años, pero en mi mente seguía siendo un bebé.
Después de ese pequeño momento emocional, recordé que soy su maestra. Muchas veces los niños tienen tanta confianza que cuentan cosas que no suelen compartir con sus papás, y esperan orientación. Y ahí es donde debemos ser muy cuidadosos y responsables.
Aclaro algo importante: para mí, si un niño o adolescente puede o no tener pareja es una decisión completamente familiar. Cada casa tiene sus valores y tiempos. Pero lo que sí era un tema que me correspondía trabajar con él era su lista de regalos.
Le pregunté por qué pensaba darle tantas cosas, cuando sé perfectamente que ahorrar le ha costado mucho trabajo y apenas está formando el hábito de la constancia.

Su respuesta me dejó pensando más de lo que esperaba.
Me dijo:
—No puedo darle solo una cosa, maestra. Si solo le doy un regalo va a creer que no la quiero en serio. A un compañero ya lo rechazaron porque le regaló una flor de papel hecha por él y todos se burlaron diciéndole que era tacaño. Y a otra niña del salón solo le llevan chocolates sencillos y flores normales, y los rechaza. Ella tiene novio y él le llevó una caja enorme con cosas de Hello Kitty: termo, peluche, estuchera, lápices… era gigantesca. En las películas y series siempre eligen al que hace los grandes gestos. Yo quiero que vea que sí me gusta.
Y en ese momento lo entendí.
El problema no era el niño. El problema era el mensaje que constantemente reciben.
La mercadotecnia excesiva y la cultura del consumo han sembrado en muchos niños la idea de que dinero es igual a amor… y que más dinero significa más amor.
¿Qué estamos enseñando sin darnos cuenta?
Vivimos rodeados de publicidad que convierte las emociones en productos. San Valentín, Navidad, Día del Niño, cumpleaños… todo parece girar alrededor de comprar.
Las escuelas organizan intercambios, los compañeros comparan regalos, las redes sociales muestran “pruebas de amor” basadas en cuánto gastó alguien. Y sin darnos cuenta, los niños empiezan a construir su autoestima y sus relaciones alrededor del consumo.
Así que decidí intentar cambiar un poquito esa perspectiva.
Le expliqué que un regalo costoso no significa amar más. Que si alguien te quiere solo por lo que puedes comprarle, probablemente no te quiere realmente.
Intenté llevarlo a algo más cercano. Le pregunté si él ama a sus papás o abuelitos por los regalos que le dan… o por el cariño, el cuidado y el tiempo que comparten con él.
Luego le conté una escena de la película Yo antes de ti, donde Louisa recibe unas medias de abejita. No era un regalo caro, pero era profundamente significativo porque Will había prestado atención a algo que para ella era importante.
Ahí está la diferencia.
El amor real suele demostrarse con detalles que requieren atención, tiempo, creatividad y empatía… no necesariamente dinero.
Le puse ejemplos de su propia vida:
Cuando ayuda a su mamá sin que se lo pidan.
Cuando consuela a su hermanita.
Cuando pasa tiempo con su perrito solo porque lo quiere.
Son acciones simples, pero con un impacto emocional enorme.
Le propuse algo diferente: en lugar de pensar en “muchos regalos”, intentar descubrir cuáles serían las “medias de abejita” de esa niña. Algo que realmente la hiciera sentir vista, escuchada y valorada.
Educación financiera también es educación emocional

Cuando hablamos de dinero con niños, muchas veces nos enfocamos en ahorrar, gastar o administrar. Pero olvidamos enseñar la responsabilidad emocional que viene con el dinero.
El dinero es una herramienta, no un sustituto del afecto.
Si desde pequeños aprenden que pueden comprar aprobación, cariño o validación, crecen con relaciones basadas en el intercambio material. Y eso suele convertirse en adultos que gastan para demostrar amor, estatus o pertenencia.
Y lo más fuerte es que hay cosas que ni con todo el dinero del mundo se pueden comprar.
Si me pongo a pensar en los regalos más románticos o importantes que he recibido en mi vida, ninguno fue el más caro.
Uno de ellos fue un electrocardiograma.
Sí, suena rarísimo, pero para mí fue profundamente significativo. Mi ex pareja, quien fue un gran amor en mi vida, perdió a un primo joven por un problema cardíaco. Él se asustó muchísimo por mi salud y me insistió en hacerme estudios porque yo tenía hábitos que podían afectarme.
Fuimos juntos al cardiólogo y al salir, en una broma medio torpe, me dijo:
“Te regalo mi corazón”.
Y en cierta forma, lo hizo. Sus latidos quedaron registrados en ese estudio, en un momento en el que estaba preocupado por mí, acompañándome, cuidándome. Aún conservo ese documento enmarcado cerca de mi escritorio.
Otro regalo inolvidable fue de mi sobrino… me regalo su mejor dibujo y su calcetines favoritos un día de lluvia que se mojaron los míos.
Y quienes tienen gatos saben algo hermoso: cuando un gato te lleva lo que caza, en su lenguaje significa amor. Mis gatitas me traen desde insectos hasta pequeños “tesoros”, y tengo fotos de varios de esos momentos porque sé que, para ellas, es una muestra de cariño.
Estoy segura de que tú también tienes recuerdos así.
Tal vez ese dibujo que te hizo tu hijo.
Esa pulsera de cuentas que hiciste junto a él.
Esa tarjeta hecha con cartulina reciclada que guardas como si fuera oro.
Porque lo es.
Tiene tiempo, intención y amor.
Regalos hechos en casa: una lección para el planeta y el bolsillo

Además del valor emocional, los regalos hechos en casa enseñan tres lecciones financieras fundamentales:
✔ No todo lo valioso cuesta dinero
✔ La creatividad puede sustituir el consumo
✔ Podemos reducir basura y cuidar el planeta
Los niños aprenden muchísimo observando. Si ven que cada celebración implica comprar cosas nuevas, asumirán que así funcionan las relaciones.
Pero si ven que el cariño también puede construirse con creatividad, tiempo y reciclaje, desarrollan una relación mucho más sana con el dinero.
Ideas de regalos DIY para hacer con niños

Aquí van algunas opciones sencillas, económicas y llenas de significado:
💌 Tarjetas con mensajes escondidos
Usen hojas recicladas, revistas o cajas de cereal. Pueden incluir recuerdos, dibujos o pequeñas anécdotas.
🫙 Frascos de razones para quererte
Un frasco reciclado con papelitos que digan cosas bonitas sobre la persona.
🧸 Peluches hechos con ropa reciclada
Usar camisetas viejas para crear pequeños muñecos o almohadas.
📖 Cuponera de tiempo juntos
Cupones como:
- Una tarde de juegos
- Ayuda con tareas
- Ver su película favorita juntos
- Cocinar algo especial
🌱 Macetas recicladas
Latas, botellas o frascos convertidos en macetas con una plantita.
📷 Álbum de recuerdos
Impresiones sencillas o dibujos que representen momentos importantes.
Cómo hablar con los niños sobre consumo sin regañarlos

Algunas preguntas que ayudan a reflexionar:
- ¿Por qué quieres regalar eso?
- ¿Crees que a esa persona le gustaría o solo es algo popular?
- ¿Qué recuerdo quieres que esa persona tenga cuando vea tu regalo?
- ¿Existe una forma de hacerlo tú mismo?
Estas preguntas enseñan pensamiento crítico y consciencia financiera.
El verdadero regalo que dejamos a nuestros hijos
Más allá del dinero que puedan ganar o administrar en el futuro, el mejor regalo que podemos darles es enseñarles a construir relaciones donde el valor esté en el afecto, el respeto y la intención.
Porque cuando un niño aprende que su cariño vale más que su cartera, crece con una autoestima mucho más fuerte y con una relación más sana con el dinero.
Y eso… vale más que cualquier caja llena de regalos.

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