
Todos nos hablan sobre reglas o tips de finanzas como la regla número uno: no gastes más de lo que ganas. Sin embargo, muchas personas lo olvidan o lo ignoran, lo que las lleva a tener problemas de deudas por gastar más de lo que ingresan. Esto sucede en gran parte porque no solo carecemos de educación financiera desde pequeños, sino también de educación emocional.
Desarrollamos inteligencia emocional a lo largo de la vida a través de vivencias y experiencias, pero si nos enseñaran desde pequeños sería más fácil controlar nuestras emociones. Esto es crucial, ya que nuestras emociones y las finanzas están ligadas.
Por ejemplo, si a un niño le das dinero en una tienda, probablemente querrá comprar todos los dulces a su alcance debido a las emociones que le generan. Se enfoca en la gratificación inmediata que le producen los dulces, sin reflexionar sobre la opción de comprar un paquete o bolsa de dulces surtidos que podría ser más económico y rendir más. Este comportamiento no se debe solo a la edad, sino también a la falta de educación emocional que no le permite controlar sus impulsos y distinguir entre lo que realmente necesita y lo que simplemente desea.
Para que te des una idea de que la edad no es un factor determinante, te contaré sobre una amiga mía. Ella trabaja en una oficina de gobierno, gana bien, tiene buenas prestaciones, compró su casa que está pagando y tiene un coche de medio uso. Su único dependiente es un perrito, por lo que pensarías que tiene una vida soñada, con suficiente dinero para ahorrar y cubrir sus gastos. Pero no es así.
Ella no sabe controlar sus emociones. Cuando tiene pareja, gasta todo su dinero en salir con esa persona, en regalos e incluso en resolverle sus problemas financieros. Si está soltera, gasta su dinero en salidas con amigos y en gustos personales, con el pretexto de «para eso trabajo». Al final de cada quincena se da cuenta de que no tiene dinero para sobrevivir hasta fin de mes. Cada mes es igual: empeña todo lo que tiene y pide préstamos a instituciones que no revisan el buró de crédito. Esto la llevó a buscar otro trabajo los fines de semana, como repartidora o conductora de Uber, para poder seguir su estilo de vida y pagar sus deudas.
El estrés, la falta de descanso y la presión por aparentar que todo estaba bien le pasaron factura. Se enfermó, lo que generó más gastos que no podía cubrir, y tuvo que tomar más préstamos. Vendió su coche y compró una moto, pero eso solo le dio un respiro temporal. Finalmente, tuvo que rentar su casa y volver a vivir con sus padres. Pasó varios años así, hasta que la pandemia la obligó a quedarse sin trabajo y a tomar terapia. Fue entonces cuando comenzó a trabajar en ella misma y en sus emociones, lo que le permitió cambiar sus hábitos financieros y mejorar su situación.
Si has tomado algún taller de educación financiera que te promete hacerte millonario, sabrás que la primera clase es cambiar la forma de pensar. Incluyen meditaciones y afirmaciones para modificar nuestra perspectiva sobre el dinero. Aunque suene esotérico, esto tiene una base sólida: meditar y ver desde otra perspectiva el dinero y su uso nos ayuda a crear conciencia sobre nosotros mismos. Nos permite ser conscientes de nuestras emociones y controlar las reacciones que nos motivan a gastar en cosas innecesarias o a tomar decisiones impulsivas.
Aquí tienes algunos consejos para mejorar el control de las emociones y evitar decisiones impulsivas:
- Respira profundamente: Antes de decidir comprar algo, haz tres respiraciones profundas. Esto te ayudará a calmar tus emociones y a pensar con claridad.
- Esperar 24 horas: Si sientes el impulso de comprar algo, espera 24 horas. Este tiempo te permitirá evaluar si realmente necesitas el artículo o si es solo un capricho momentáneo.
- Establecer un presupuesto emocional: Define una cantidad mensual para gastos emocionales. Una vez que alcances ese límite, espera al próximo mes para gastar en esos caprichos.
- Anotar los deseos: Lleva un registro de las cosas que quieres comprar. Anota por qué las quieres y revisa la lista después de una semana. Muchas veces, te darás cuenta de que el deseo se ha desvanecido.
- Practicar la gratitud: En lugar de centrarte en lo que no tienes, enfócate en lo que ya tienes. La gratitud puede reducir la necesidad de buscar satisfacción en las compras impulsivas.
Si no aprendemos a controlar nuestras emociones, no servirá de nada aprender sobre reglas financieras, presupuestos, métodos de liquidación de deudas, ahorro e inversión. Estos conocimientos no cambiarán nuestra vida por arte de magia. El cambio inicia por nosotros y nuestra mente, para que los conocimientos financieros y la disciplina hagan su magia.
Por lo tanto, no solo debemos enfocarnos en la educación financiera, sino también en la educación emocional. Ambas son esenciales para lograr una vida financiera saludable y estable.

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