Era una tarde soleada, de esas perfectas para una buena reunión con amigos. El jardín estaba lleno de vida: el agua de la piscina brillaba bajo el sol, el césped verde olía a tierra húmeda y fresca, y se escuchaban las carcajadas de los adultos disfrutando de una tarde sin preocupaciones. Pero, algo perturbador flotaba en el aire. En un rincón del jardín, un grupo de niños, que deberían haber estado corriendo, chapoteando en la piscina o explorando cada rincón de ese paraíso, permanecían completamente inmóviles. ¿El motivo? No, no era un hechizo de Halloween, aunque lo parecía. Era algo más aterrador… cada uno de esos pequeños sostenía una tablet o teléfono, como si sus almas estuvieran atrapadas dentro de esas pantallas.
Lo más escalofriante sucedió cuando a un niño de apenas dos años, que había sido absorbido por su dispositivo, lo tomaron en brazos para quitarle la tablet. El niño soltó un grito desgarrador, como si lo hubieran privado de aire, como si lo estuvieran torturando. Lloraba y pataleaba sin cesar, como si su vida dependiera de ese aparato maldito. Y no paró hasta que, derrotados, sus padres le devolvieron el dispositivo. El silencio volvió, pero esta vez era aún más perturbador.
La Tecnología: ¿Bendición o Maldición?

No voy a mentir. Las tablets y los teléfonos son herramientas útiles. Con un toque, pueden acceder a mundos de información, aprender matemáticas, idiomas, o incluso conceptos de educación financiera (¡me encantan para eso!). Los niños de hoy nacieron en una era de tecnología sin precedentes. Están familiarizados con estos dispositivos desde que tienen uso de razón, y hasta cierto punto, necesitan estar conectados para no quedarse atrás en este mundo digital.
Ahí fue cuando me di cuenta: la tecnología había hechizado a los niños, y como una educadora de finanzas, no pude evitar reflexionar sobre los peligros que estas “tabletas encantadas” traen consigo.
Pero, y aquí viene el gran «pero», ¿hasta qué punto estamos permitiendo que la tecnología domine la vida de nuestros hijos? Y más importante aún, ¿somos realmente conscientes de los riesgos que corren al pasar tanto tiempo inmersos en estas pantallas?
Los Peligros Ocultos Detrás de la Pantalla
- El riesgo de adicción: Esa escena del niño llorando por su tablet no es tan rara hoy en día. La tecnología está diseñada para ser adictiva, especialmente para los niños. Cuanto más tiempo pasan frente a una pantalla, más difícil se vuelve separarlos de ella. El tiempo de juego físico y la interacción cara a cara se ven drásticamente reducidos. Los niños ya no corren, ya no exploran, ya no socializan de manera natural. Están atrapados en una especie de trance digital, donde lo único que importa es la siguiente notificación, el siguiente nivel de un juego o el próximo video viral.
- La disminución de la interacción social: Recuerdo cuando, de niña, me la pasaba corriendo y jugando con mis amigos. Hoy, esos momentos de conexión se ven reducidos por horas de aislamiento digital. Aunque los niños pueden estar juntos físicamente, como en esa fiesta, en realidad están solos en sus pantallas. Y lo que es aún más alarmante, están aprendiendo a comunicarse a través de chats o mensajes, perdiendo habilidades clave como la empatía, la negociación y la interacción cara a cara.
- El mundo virtual, ¿seguro?: A veces hablo con mis alumnos sobre lo que hacen en sus teléfonos. Muchos me cuentan que tienen cuentas en redes sociales, donde agregan a personas con intereses en común, como una serie o un videojuego. A simple vista parece inofensivo, pero… ¿y si esos “niños” no son lo que parecen?. En teoría, pueden ser otros niños como ellos, pero también podrían ser adultos malintencionados haciéndose pasar por niños. Lo más inquietante es que, aunque como padres intentemos monitorear sus dispositivos, los niños están diez pasos por delante de nosotros. Ellos encriptan, esconden, y saben exactamente cómo hacer para que solo veamos lo que ellos quieren que veamos.
- Riesgos emocionales y mentales: El uso excesivo de la tecnología está relacionado con problemas de ansiedad, depresión y dificultades para gestionar emociones. Las redes sociales, en particular, exponen a los niños a comparaciones constantes, a la presión de cumplir con estándares de belleza o popularidad, y a peligrosos retos virales. Y sí, los niños quieren ser parte de esa tendencia, aunque no siempre sean conscientes de los riesgos. ¿Cuántas veces hemos oído hablar de retos peligrosos promovidos por influencers que resultan en accidentes graves?
- Fraudes y pérdidas económicas: Aquí es donde mi experiencia en educación financiera me hace temblar. He conocido casos de niños que, con la mejor intención del mundo, quieren “regalarle dinero” a su influencer favorito o comprar algún accesorio virtual para un juego. Si tienes tu tarjeta vinculada a sus dispositivos, ya te puedes imaginar el desastre financiero que esto podría causar. Un solo clic, y podrías perder una cantidad considerable de dinero sin siquiera darte cuenta. ¡Niños de 8 años ya pueden cometer este tipo de errores sin saberlo!
¿Entonces, es seguro darles una tablet o un teléfono?

Como todo en la vida, la respuesta no es blanco o negro. La tecnología puede ser una herramienta maravillosa para el aprendizaje y el entretenimiento, siempre y cuando se use de manera controlada y supervisada. Aquí hay algunas formas de romper la maldición tecnológica y asegurarte de que tus hijos usen la tecnología de manera segura y equilibrada:
- Establecer límites claros: No se trata de prohibirles el uso de dispositivos, sino de regular el tiempo que pasan frente a ellos. Puede ser una hora al día, o quizás solo después de haber realizado sus tareas y actividades al aire libre. El juego físico y la interacción social cara a cara no deben desaparecer.
- Supervisión activa: Es fundamental saber qué están haciendo en sus dispositivos. Establece reglas claras sobre el uso de redes sociales y mantén una comunicación abierta sobre los peligros que pueden enfrentar. Pero, recuerda, ellos son más hábiles que nosotros con la tecnología. Así que no te relajes solo porque piensas que lo tienes todo bajo control.
- 3. Educar en el uso responsable: Enséñales a diferenciar entre lo real y lo ficticio en internet. Habla con ellos sobre los riesgos de hablar con desconocidos, compartir información personal y cómo protegerse de fraudes y estafas. Es crucial que comprendan que no todo el dinero virtual es de mentira o de juguete, sino que, en muchos casos, es real, muy real. Cada transacción, cada clic para comprar algo en línea o donar a un influencer puede tener un impacto en el dinero de verdad. Aquí entra la educación financiera: desde pequeños deben aprender el valor del dinero, tanto físico como digital, y los peligros de gastar en línea sin control. Ayúdales a entender que aunque no vean el efectivo, lo que gastan en esas plataformas es igual de valioso que el billete que tienen en sus manos.
- Fomentar otras actividades: Anima a tus hijos a participar en actividades que no involucren una pantalla. Ya sea leer un libro, hacer manualidades, salir a correr o practicar algún deporte, es importante que recuerden que hay un mundo fuera del internet lleno de aventuras y emociones.
En conclusión:
La tablet o el teléfono no son el verdadero enemigo, pero el uso excesivo y sin control puede transformarlos en una auténtica maldición para nuestros hijos. Como padres, está en nuestras manos ayudarlos a encontrar un equilibrio saludable entre el mundo digital y el mundo real, enseñándoles a usar la tecnología de manera responsable. Y sí, el amor también se demuestra al establecer límites, porque lo que queremos es prepararlos para la vida… y para que no se conviertan en pequeños zombis tecnológicos en esta espeluznante era digital.
Y mientras rompemos esta maldición, no olvidemos que cada paso hacia una mejor relación con la tecnología también es un paso hacia un futuro más seguro y financieramente responsable para nuestros hijos.


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