Cómo manejar las utilidades de tu trabajo


Yo aún recuerdo mi primer sueldo formal. Ese trabajo en el que sí cotizabas al IMSS, sí te descontaban ISR y sí —aunque no lo supieras— tenías derecho a utilidades.

Porque en la escuela no te cuentan eso. Nadie te sienta un día y te dice: «Oye, existe algo que se llama PTU, que significa que si la empresa donde trabajas tuvo ganancias, a ti te toca un pedazo de ese pastel.» Nadie. Y muchas empresas aprovechan precisamente esa ignorancia: hay quienes simplemente no te las pagan aunque las tengan, y otras que te dicen con toda la cara dura «no hubo utilidades» mientras tú estuviste trabajando hasta días festivos, con el teléfono encendido a las 10 de la noche, dándole el alma al negocio.

Y cuando sí te las pagan… ¿qué es lo primero que piensas?

«Me voy a comprar…»

Sí. Eso. Exacto.


La trampa mental del «dinero extra»

Siendo jóvenes; y seamos honestos, muchos seguimos igual a los 35; lo primero que hacemos con cualquier ingreso inesperado es pensar en gastarlo. Y no es que seamos irresponsables, es que nadie nos enseñó a hacer otra cosa.

Y aquí viene lo que duele: llegamos a los 40 y nos decimos «si hubiera ahorrado… si hubiera sabido…» Pero el hubiera no existe, amigo. El hubiera es el lugar donde vive el remordimiento financiero, y ahí no queremos vivir.

Lo que sí podemos hacer es aprender ahora. Hoy. Con las utilidades que ya cayeron o están a punto de caer.


Mis amigas y los memes que me inspiraron este artículo

Esta semana una amiga mía estuvo publicando memes sobre las utilidades. Ya sabes cuáles: el de alguien mirando el reloj desesperado esperando que «caigan», el del cobrador tocando la puerta mientras el de adentro llora porque todavía no le han pagado y debe por todos lados… clásicos. Los compartí porque me dieron risa, claro. Pero también porque los reconocí.

Porque no es solo ella. Somos muchos los que estamos así: comprando a diestra y siniestra, buscando ofertas del Hot Sale, poniendo todo en tarjeta de crédito. Y si dices «yo pago de contado, con efectivo o con débito» te miran raro. Como bicho raro del siglo XXI.

Y entre la inflación, los malos hábitos financieros y nuestras frases favoritas para justificar el gasto —«para eso trabajo», «Dios proveerá», «me lo merezco»— las utilidades ni las vemos. Llegan al recibo de nómina y desaparecen como por arte de magia sin que sepamos exactamente en qué.

Le pregunté a mi amiga: «¿Y tus utilidades qué tal?» Me respondió: «Bien, pero ya me las gasté… y de hecho me gasté un poco más. Ojalá me hubieran dado más para poder ahorrar.»

Y ahí está el problema, amiga. Porque más dinero sin un plan es solo… más dinero gastado más rápido.


Las utilidades no son tu sueldo. Trátelas diferente.

Aquí está el cambio de mentalidad más importante de este artículo, así que ponle atención:

Las utilidades no son una extensión de tu quincena. Son dinero aparte. Trátalo aparte.

Imagínate que eres jardinero y de repente llueve con fuerza después de meses de sequía. ¿Te pones a regar igual que siempre? No, ¿verdad? Porque ese agua extra merece una estrategia diferente. Así son las utilidades: lluvia inesperada que, si la sabes aprovechar, riega cosas que en la quincena normal no puedes.

Pero si simplemente abres el pico y dejas que corra… se va igual que siempre.


Entonces, ¿qué hago con mis utilidades? La regla del 3-1

No te voy a dar una fórmula rígida porque cada quien tiene una situación diferente. Pero sí un punto de partida que funciona para la mayoría:

🔴 Primero: Las deudas con intereses altos (30-40%)

Si tienes tarjeta de crédito con saldo, préstamo de nómina caro o deuda con una financiera, ese es tu primer destino. No el más emocionante, lo sé. Pero es el más inteligente.

¿Por qué? Porque si tu tarjeta te cobra 60% de interés anual y tú tienes ese dinero guardado ganando 12% en CETES, estás perdiendo 48% cada año. Las matemáticas no mienten aunque duelan.

Es como tapar un agujero en tu cubeta antes de llenarte de agua. De nada sirve echarle más si sigue escurriendo por abajo.

🟡 Segundo: El fondo de emergencia (30-40%)

¿Tienes ya tres meses de gastos guardados en algún lugar accesible? Si no, este es el momento de empezar o reforzarlo.

¿Y por qué justo ahora con la temporada de lluvias que acaba de empezar? Porque una gotera, un coche inundado, una plomería rota… esos gastos no avisan. Y si no tienes fondo, ¿adivina qué usas? La tarjeta de crédito. Y ya vimos cómo termina esa historia.

🟢 Tercero: Ahorra o invierte algo (20-30%)

Aquí ya puedes pensar en CETES, en tu Afore voluntaria, en un fondo de inversión. No tiene que ser mucho. Pero tiene que ser algo. Porque el hábito vale más que el monto.

🎉 Y sí, date un gustito (10-20%)

Un porcentaje pequeño —tú decides cuánto, pero que sea consciente— para algo que disfrutes. Porque las finanzas sanas no son de privación, son de intención. La diferencia entre gastar 200 pesos en algo que te da alegría real y gastar 2,000 en algo que compraste porque «estaba en oferta» es enorme.


Y tus hijos… están viendo todo esto

Aquí viene la parte que más me importa contarte.

Hay una frase que escucho mucho entre mamás especialmente: «Mis hijos me ven limpiar la casa y no agarran una escoba.»

¿Sabes por qué? Porque cuando limpias, limpias de mala gana. Con la cara larga, suspirando, como si fuera un castigo. Y los niños no son tontos: si eso es lo que ven asociado a limpiar, ¿por qué querrían hacerlo?

Con el dinero pasa exactamente lo mismo.

Si tus hijos te ven angustiada esperando que «caigan» las utilidades para pagar deudas acumuladas, si te escuchan decir «ya se me fue todo», si notan que el dinero es sinónimo de estrés, escasez y desesperación… eso es lo que van a aprender. No lo que les digas. Lo que vean.

Pero si te ven planear con calma, decidir con intención y hasta celebrar que llegó ese dinero con un plan… eso también lo aprenden.

¿Cómo involucrarlos?

Si son pequeños (4 a 8 años): Cuéntales de forma simple. «Mami recibió un dinero especial del trabajo. Vamos a guardar una parte, a pagar algo que debíamos y con un poquito vamos a hacer algo divertido juntos.» Así de sencillo. Que vean que el dinero tiene partes y propósitos.

Si son más grandes (9 a 14 años): Invítalos a la conversación. Muéstrales cómo decides. «Tengo X pesos. Mira, esto va para la deuda de la tarjeta porque si no nos cobran intereses. Esto va al ahorro. Y esto es para las vacaciones de julio.» No necesitas darles una clase magistral. Solo que vean el proceso.

Si ya son adolescentes: Compárteles los conceptos reales. Háblales de las utilidades, de qué son, por qué existen. Que entiendan que hay derechos laborales que nadie les va a enseñar en la escuela. Que lleguen a su primer trabajo sabiendo más de lo que tú sabías.

El mejor regalo financiero que le puedes dar a un hijo no es dinero. Es que te vea usarlo bien.


El Hot Sale ya terminó. Respira.

Si llegaste aquí después de haber gastado más de lo que querías en el Hot Sale… no pasa nada. De verdad. Pero ahora que ya pasó la euforia de las ofertas, es buen momento para planear con cabeza fría.

Recuerda: las tiendas, los bancos y las plataformas de e-commerce son muy buenos en una cosa: entrenarte para que gastes el dinero antes de tenerlo. Eso es exactamente lo que hacen las preventas y los créditos «sin intereses» (que muchas veces sí tienen costo, solo que escondido).

Tú puedes ser más listo que ese sistema. Solo necesitas parar dos segundos antes de decidir.


Para cerrar: el dinero que ya te gastaste no vuelve. El que todavía tienes, sí puede cambiar algo.

No importa si ya gastaste parte de tus utilidades. Lo que importa es lo que hagas con lo que queda, si es que queda algo. Y si ya no queda nada… entonces este artículo es para las del próximo año.

Porque las utilidades van a seguir llegando. Y cada año tienes una nueva oportunidad de hacerlo diferente.

Y si tus hijos te ven hacerlo diferente este año, ya ganaste algo que no tiene precio.


¿Ya sabes cómo vas a usar tus utilidades este año? Cuéntame en los comentarios o escríbeme. Me encanta saber cómo le va a la comunidad de Dibujando Finanzas con esto. 💬


Dibujando Finanzas — Porque el dinero también se puede entender con dibujitos.

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